Corteza lavada, una técnica tradicional que vuelve a ganar protagonismo en el sector quesero. El método, basado en lavar la corteza con agua y sal para activar la bacteria Brevibacterium linens, está siendo recuperado por productores que buscan aromas más intensos y perfiles sensoriales definidos. Aunque su origen se remonta a siglos atrás, la práctica ha sobrevivido casi sin cambios y vive hoy un renovado interés. En los últimos años, su presencia en ferias y concursos internacionales ha aumentado, consolidándola como una categoría en crecimiento dentro de la industria y como símbolo del regreso a métodos clásicos con gran valor gastronómico.